
Pasa el tiempo y, al que llega, no consigo asimilarlo como algo virgen. Pasa el tiempo y, al verlo, mi mente acude a recordar otros tiempos anteriores, ya vencidos, de los que fui protagonista. Pasa el tiempo... Segundo a segundo me voy adentrando en el futuro y sin embargo no siento la menor sensación de sorpresa. Me parece que todo lo que va apareciendo un día tras otro ante mi mirada son meras repeticiones -los sucesos más agradables- o bien residuos de algo que sucedió ya y fue apreciablemente mejor -la mayoría de las veces-. Y casi todas esas chicas que pasan por la calle, a mi lado, ya han existido. Y casi todas las palabras que escucho son justo -creo- las que bien por pudor -o, mejor, por rigor- no consintieron pronunciarse antes por los padres, o los abuelos, de esos mismos que ahora las proclaman con jactancia.
Es difícil no creerles a los viejos cuando te vas haciendo viejo. Es estúpido alentar los ánimos de la juventud diciéndoles que el futuro es suyo. Ya lo saben y no les parece mal. Resulta absurdo poner la radio y oir como una camarilla de tipos sin ingenio propagan, venga o no a cuento, una avalancha de obviedades, encender la televisión y percatarse de que una de las cosas que más le complace a la gente es saber de las miserias y los fastos de la vida privada de los otros, porque -me temo- la suya propia no les suscita demasiado interés. Pero la viven. Mal. Y conectan la tele y ven como todos los que salen en la pantalla andan medio jodidos, igual que ellos, y con los labios llenos de botox, como a muchos de ellos les gustaría, y eso les pone, o les tranquiliza, o les ilusiona ¡quién sabe!. Y escuchan la radio y, desde ahí dentro, un tipo que apenas sabe hablar correctamente les dice que su equipo de fútbol favorito se va a gastar mil millones de euros en un goleador brasileño para ganar mil millones de veces seguidas la Champions League, y otro bien pagado de si mismo, al que le sienta como un tiro que lo contrarien, les informa de que su político más odiado es todavía peor que como a ellos les gustaría que fuera para poder seguir odiándolo un poco más cada día. "Hoy te odio más que ayer pero menos que mañana". ¡Qué proyecto de vida más perro!. ¡Qué tragedia!.
Así que, ya lo ven, me resulta muy dificil aceptar que el futuro pueda consistir en eso. El romanticismo, un estúpido afán de ser feliz, una absurda confianza en mis aptitudes, o como prefieran llamarlo, me empuja a no poner la televisión, a apagar la radio cuando la oigo encendida y a pasar como de la mierda de los premios literarios más recientes. El futuro, mi futuro, el cauce por el que habrá de expandirse la vida que me aún quede por vivir, termino encontrándolo, a estas alturas de la película, dentro del pasado. Y acudo a la biblioteca, sacó en préstamo un libro de, por ejemplo: André Gidé, empiezo a leerlo, y ahora sí, ahora es cuando percibo a la vida acariciándome, apremiándome, abofeteándome las mejillas como una amante un poco puta -casi todas lo son porque así es la vida- que te quiere un poco.
Pienso en ellas y tengo que asumir que ni mucho menos eran tan guapas ni tan seductoras como yo las creía, pero debía amarlas. Era mi obligación, entonces.
6 comentarios
Joder que si pasa, tío. Corre que se las pela. Pero este post tuyo, el mero hecho de que exista, constituye su propia refutación. El tiempo pasa y nos trae cosas nuevas, hasta las más inverosímiles e inesperadas. ¡Un post nuevo del Clavadista! Prácticamente una resurrección en toda regla.
A mi también me pasa aveces, sí, tener esa sensación de que, como dicen Les Luthiers, todo tiempo pasado fue anterior y no es eso lo peor, sino que se dispone, según todas las apariencias, a seguir siéndolo por los siglos de los siglos. Esa pegajosidad agobiante de la repetición de lo consabido, esa sensación de eternidad cíclica, ese desaliento...
No es un problema del tiempo, ni del mundo, ni siquiera de la tele, de los políticos o de los famosos, ni siquiera de los estúpidos que se toman en serio a la tele, los políticos o los famosos. Es un problema estrictamente nuestro, de cada uno a quien le pasa. Es una ilusión óptica y hay que vencerla, porque, como todo lo que sucede en el interior de nuestras cabezas -que es donde sucede todo lo que sucede- no es que mediatice y condicione el modo en que percibimos el mundo, es que se constituye en el mundo, en nuestro mundo. De manera que, en última instancia, depende de nosotros, y de nadie más, que siga pasando o que deje de pasar.
Así que ya sabes, chaval, a seguir publicando si no quieres que se (te) pare el mundo.
Escúchame chaval: si en tiempos ya lejanos, ya que de eso parece que va este post, en los que mantenía un priapismo prácticamente permanente, nunca esperé a ninguna de mis novias más allá de media hora, cómo es posible que a ti te haya tenido que aguardar medio año. Que sea la última vez.
Y por cierto: lo que muestra la tele no es la vida, como los restos de las uñas de los pies que me recorto no son yo, sino una parte ínfima y despreciable, de hecho despreciada, de mí. La vida no digo que sea lo que tu quieras que sea, eso sería un voluntarismo muy ingenuo, pero tampoco es esa mierda que los distribuidores de bazofias de éxito te muestran.
Oye, Vanbrugh, gracias por avisarme de que había revivido este capullo.
Vanbrugh, Por eso, porque todo está en nuestras cabezas, y en la mía no cabe ya tanta gilipollez desmesurada e ínsipida como pretenden embutirnos, es por lo que he escrito el post. Antes, tal vez también pasara eso, pero yo la torra, la tenía llena de ídeas lascivas, como aquí el colega de la vega al que me pienso dirigir luego, y algunas de esas soplapolleces gracias al principio de Arquímedes, creo (referencia a uno de tus últimos posts http://www.jubilomatinal.com/) salían expulsadas hacia afuera a tomar por culo. Ahora eso, ya, no me sucede con la misma frecuencia. El tiempo pasa, lamentablemente Lansky, Continúas con ese pripismo permanente. Mental, al menos. Eso es. Eres una especie de priapo del entendimiento. Para los que lo puedan ponerlo en duda. http://www.lansky-al-habla.com/. A los dos: buenas noches... buena lectura... y... buen sueño.
pues joé que triste no?
a mí no me pasa nada de esto...
no dejan de sorprenderme los días, las personas, los lugares, los olores, los sonidos, los tactos, los instantes...vuelo al pasado, al futuro, al presente...lloro, rio...siento, vivo....salgo del cine y del teatro emocionada...afónica de los conciertos...absorvo como una esponja escuchando radio 3....disfruto con la tele y ctk...sueño, leo...te leo...andré gidé?...vale, ni idea...anoto, busco y me lo como...un beso
Por eso, porque todo está en nuestra cabeza, hay que ser muy selectivo con lo que se mete en ella, y muy cuidadoso con lo que se elabora en ella.
La verdad es que no sé a qué post mío te refieres. No recuerdo haber hablado nunca en mi blog de ese principio de Arquímedes que resumes de un modo un tanto abrupto: (¿Todo cuerpo sumergido en un líquido sale disparado a tomar por culo de él, impulsado por una fuerza igual al peso del líquido que desplaza?)
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